miércoles, 27 de noviembre de 2019

Ciudades compitiendo por el alumbrado navideño.Y a todo eso le llaman felices fiestas.

Ciudades compitiendo por el alumbrado navideño. (I)

Y a todo eso le llaman felices fiestas.

Espacio de Reflexión


¡Lo que nos faltaba! Ciudades compitiendo por el alumbrado navideño, presumiendo de quien lo tiene más grande, más bonito y más fastuoso. Alcaldes gastándose cantidades indecentes de dinero, adelantando las fiestas al mes de noviembre. Es que, por lo visto, se trata de algo muy urgente, muchísimo más urgente que dar techo a los indigentes que viven en la calle y a los que cierran rellanos y bocas de metro, e incluso instalan separadores en los bancos para que no se tumben. Ya sabemos que para estos políticos los sin techo son una molestia para los servicios de limpieza.y también para la vista y para los escaparates.

Y es que esto de las Navidades ya no son ni solsticios de invierno ni leches en vinagre, son un invento del capitalismo para cerrar el ejercicio económico con ingentes beneficios. Argumentan que se trata de una inversión importantísima cara al turismo y al fomento del comercio. ¡Pues claro, de eso se trata! De engalanar los centros de las ciudades y sus vías comerciales de adornos cada vez más llamativos, de cubrir inmensos árboles, que en realidad son estructuras de metal en forma cónica, de juegos de luces intermitentes y de colores cambiantes al son del tintineo de villancicos que se repiten una y otra vez, de inmensas bolas luminosas, ¿Y esos mappings tan curiosos y originales proyectados en los monumentos?

Pero esto no es nada nuevo, ya la naturaleza inventó las telas de araña, los reclamos y cierto tipo de luces y sonidos para atraer a los transeúntes y se sabe que una forma muy eficaz para atraer a los consumidores, convertidos en zombis, a las zonas de compras es la de la excitación sensorial mediante unas particulares feromonas, esas luces tan llamativas y esos angelicales cantos de sirena a los que llaman villancicos porque cuanto más intensa sea la iluminación y más persistente el sonido, más se adentrarán en los centros comerciales para comprar cosas que no se necesitan. Ya se sabe, la compulsión de comprar por comprar. Y a todo eso le llaman felices fiestas.

Con estas cosas me acuerdo de uno de los cuentos de Navidad más tristes que conozco, la pequeña cerillera de Andersen. Una niña huérfana, aterida de hambre y frío, a cada fósforo que enciende, crea una ilusión y un maravilloso recuerdo hasta que los fósforos se acaban y la niña termina muerta.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario