Placa a los emigrantes españoles en VERACRUZ.MÉJICO.
“Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron"
Juan Goytisolo
Juan Goytisolo
Espacio de Reflexión
Hay un artículo impresionante de 1998 de Juan Goytisolo titulado ¡Quién te ha visto y quién te ve!
Debería ser de lectura obligada en todos los centros educativos. Tiene
plena actualidad. Es todo un aviso a los españoles, en el que describe
la situación de la provincia de Almería en diferentes momentos de la
dictadura franquista. Almería era entonces la Cenicienta de nuestras
provincias. Una frase cruel, despectiva, abreviaba sus lacras y
desdichas: "esparto, mocos y legañas”. En aquellos momentos se estaba
produciendo el gran éxodo a Europa. En las ciudades alemanas, francesas,
belgas, suizas, holandesas, millares de españoles identificables por su
indumentaria, maletas y avíos se apiñaban en las estaciones de trenes y
autobuses en busca de direcciones y contactos. La economía europea
necesitaba brazos. Asistentas de hogar, albañiles, peones, camareros,
obreros no especializados trabajaban en unas sociedades en crecimiento. Y
hoy, en El Ejido, la fuerza más votada ha sido VOX, con casi el 30%.,
cuyo programa es claramente racista y xenófobo. ¡Qué contraste! ¡Qué de
vueltas da el mundo!
Ahora quiero fijarme en un momento un poco anterior y que debería
servir también de reflexión para muchas mentes españolas dormidas.
Es conocido que una auténtica avalancha humana de exiliados
republicanos pasó la frontera hacia Francia para huir de las represalias
de la dictadura franquista. El trato de las instituciones francesas fue
vergonzoso, como mostraré más adelante. Todo lo contrario que el
dispensado por Lázaro Cárdenas, el presidente de la
República de México de 1934 a 1940, que desde los inicios de la Guerra
Civil española nos tendió una mano amiga. Dio asilo político en su
embajada a los que padecían los rigores del conflicto, tomó a su cargo a
más de 400 niños españoles (Morelia) y tras el conflicto, acogió cerca
de 25.000 españoles del bando republicano. No sólo a los intelectuales
de prestigio, los investigadores o los científicos. También los
artesanos, los obreros, los agricultores.
Frente a la desvergüenza del gobierno francés de entonces y de los
dirigentes actuales de la UE, sobresale el siguiente comunicado de
Cárdenas, de 23 de junio de 1940 a su embajador en Francia, Luis I. Rodríguez:
"Con carácter urgente manifieste usted al Gobierno francés que México
está dispuesto a recoger a todos los refugiados españoles de ambos sexos
residentes en Francia. Diga usted que este Gobierno está tomando
medidas conducentes para llevar a la práctica esta resolución en el
menor tiempo posible. Si el Gobierno francés acepta en principio nuestra
idea, expresará usted que desde el momento de su aceptación, todos los
refugiados españoles quedarán bajo la protección del pabellón mexicano.
Asimismo, de aceptar el Gobierno francés, sugiera usted forma práctica
para realizar propósito, en la inteligencia de que en atención a las
circunstancias, nos dirigimos a Gobiernos alemán e italiano,
comunicándoles nuestro deseo. Conteste urgentemente".
Rodríguez pese al cruento escenario tras la
intervención nazi, cumplió su misión urgente en aquella Francia
humillada y de gobiernos divididos, para lograr la salida de miles de
refugiados. Además escribió un libro extraordinario sobre estos momentos
trágicos de Francia Ballet de Sangre. La caída de Francia, con un prólogo precioso de Pablo Neruda,
del que extraigo estas palabras: “Luis I. Rodríguez actúa cuando ya la
araña feroz está engullendo y digiriendo la catástrofe. Ya ha terminado
la comedia angustiosa de España. Franco está sentado sobre un millón de
cadáveres; las cárceles están apretadas de seres humanos; el destierro
divide a España con una cicatriz inolvidable, entre un pueblo famélico y
martirizado que quiere salir y un río de desterrados que esperan el
regreso. Nadie habla ya de civilización occidental defendida: España es
la primera víctima de una conspiración criminal y Franco un pequeño
lacayo, barrigudo y sangriento, poseído también de un odio recalcitrante
por la cultura y la libertad. A la historia diplomática y pública de
México, pertenece desde hoy este noble y elevado libro…. Este libro es
una nueva enseñanza, agregada a las de cada día. Enseñanza más digna de
ser tomada en cuenta que la noticia de una batalla perdida, porque esta
sumersión en el torbellino, en el corazón traicionado de Francia, en la
danza de la sangre, está hecha con la ternura, con la nobleza y la
misericordia de un hombre que, como Luis I. Rodríguez, llevó a ese
pueblo y a ese drama, con la representación de México, las manos
acogedoras de América y las llaves de la Libertad”.
Rodríguez salvó además a Manuel Azaña y Juan Negrín. Merece la pena destacar su conversación mantenida con el general Petain,
el cual le pregunta: "¿Por qué esa noble intención que tiende a
favorecer a gentes indeseables?" Rodríguez: "Le suplico la interprete
usted, como un ferviente deseo de beneficiar y amparar a quienes llevan
nuestra sangre y nuestro espíritu". Le replicó Petain: "Pero llamemos a
esa actitud impulso de humanidad, mejor que auxilio a Francia, porque de
sobra conocemos que en las grandes miserias las ratas son las primeras
que perecen, y en el caso nuestro, los exiliados de España estarían
obligados a llevar ventajosa delantera a mis compatriotas".
Rodríguez nos describe con extraordinario realismo y crudeza los
campos de concentración franceses, ofrecidos como albergue a españoles:
"Deshonran al Gobierno francés y a un pueblo que creímos un positivo
baluarte de solidaridad humana, de hospitalidad fecunda y limpia. No
exageramos al decir que esas prisiones, ni siquiera dignas de enemigos,
son claro exponente de almas retacadas de hollín, de cerebros
enloquecidos por la ruindad y el miedo; son obra del desastre moral de
Francia, del egoísmo, de la estulticia, de la falta de fe en el destino
propio. En nombre de su trilogía vital, esgrimían y esgrimen la técnica
de complicada tortura; en nombre de la Libertad, encadenan a sus
hermanos de ayer, haciéndoles sentir, con refinada crueldad, el innoble
peso de una esclavitud que no merecen; en nombre de la Igualdad los
encierran en los campos de concentración —dantescas cárceles con
verdugos senegaleses—, y los señalan con diversos colores puestos sobre
el pecho, acorralándolos como bestias “infestadas” de rebeldía y
pundonor. En nombre de la Fraternidad, los dejan morir de dolor y de
hambre, frente a un horizonte de púas y de mugre; se burlan de su
desgracia deshonrando la ironía; martirizan a los niños prisioneros
cuando los ven jugando; la bayoneta del negro rompe la pelota de goma
policromada; escupen contra los sabios su enano desprecio; ultrajan a
las mujeres con su chata lascivia y persiguen a las adolescentes con sus
ojos de batracio y sus gestos fangosos. Estos mezquinos sacristanes en
esa “misa negra” de Francia, se empeñan en llenar de pesadumbre el
corazón de los refugiados españoles; pero jamás podrán inocularles su
cobardía. Quienes defendieron Madrid, escribiendo una heroica gesta que
es un ancho respiro en esta cloaca de pasiones y de intereses bastardos,
con sólo su presencia irritan a los que están dispuestos a pactar con
el enemigo, pensando únicamente en el precio de la deshonra. Por eso les
molesta ver tanta miseria material, pero tanta riqueza de espíritu; por
eso les indigna contemplar una serenidad, una fortaleza, un egregio
coraje y una dignidad que ellos, los opresores, han olvidado en esta
hora de prueba para el mundo”.
¡Vaya ejemplo de la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad!
La categoría moral de Rodríguez queda demostrada por la acción
siguiente. La mañana del martes 5 de noviembre de 1940, el prefecto de
Montauban quiso impedir la presencia de españoles en el cortejo y
enterrar al último presidente de la II República, Manuel Azaña, con la
bandera de Franco. Rodríguez se enfrentó a él, negándose a semejante
“blasfemia”, y al no poder hacerlo con la republicana, desafío al
representante de las autoridades francesas con estas palabras: “Lo
cubrirá con orgullo la bandera de México; para nosotros será un
privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes una
dolorosa lección”.
Los españoles, sobre todo los que se autoproclaman republicanos,
deberían recordar y homenajear de alguna manera a Luis I. Rodríguez,
como por supuesto a Lázaro Cárdenas. Ya va siendo hora. Podría
reeditarse el libro Ballet de sangre. La caída de Francia, para su divulgación y reflexión especialmente en los centros educativos y también en la sociedad española.
Por si no fuera ya bastante, en el puerto de Veracruz entre los
monumentos para conmemorar la llegada de emigrantes españoles, hay uno,
una estatua de un hombre de mediana edad, vestido con traje rústico,
gorra y con una maleta de madera en su mano derecha, con la siguiente
inscripción "En recuerdo de todos los emigrantes españoles que llegaron a
México por este puerto, en busca de un mejor futuro y que con su
trabajo han contribuido a engrandecer esta generosa y hospitalaria Gran
Nación Mejicana". ¿Existe algún monumento semejante en algún puerto
español en agradecimiento a los inmigrantes, que cuidan a nuestros
ancianos y niños, limpian nuestros portales, recogen nuestra fruta, nos
traen los paquetes a casa…?
Termino con unas palabras del artículo de Goytisolo: “Como escribía Américo Castro,
"vivir culturalmente exige estar siempre alerta, percatarse de que no
basta con ser Consumidor o aplicador de la cultura ajena... Cuando los
españoles se den cuenta de quiénes y cómo han sido, sus circunstancias
mejorarán considerablemente. Porque la verdad es que hoy día no están
habitando su propia historia; es decir, no saben en realidad quiénes
son, pues ignoran quiénes fueron".
Nueva Tribuna
https://www.nuevatribuna.es/opinion/candido-marquesan-millan/espanoles-saben-realidad-quienes-son-pues-ignoran-quienes-fueron/20190110114326159108.html?fbclid=IwAR2l55Dy7o58axjeXKr1OGzwMTUyk-lLo5cR6184Mgq518f-WN6L6TpO148


No hay comentarios:
Publicar un comentario