miércoles, 1 de enero de 2020

LAMPEDUSA. EL MAR LLORA..


LAMPEDUSA. EL MAR LLORA.
Pepe Oliver 

Anochecía sobre las costas de Lampedusa. Desde la orilla tres grupos de voluntarios miraban con angustia al mar para localizar barcas cargadas de personas de África de y Asia  que habían partido de las costas de Libia huyendo de la guerra, la violencia y el trabajo esclavo para buscar refugio en Europa. Esperaban  llegar a Italia y que  la tierra creadora del Humanismo los acogiera.

 En el silencio de la noche se escucharon gritos de socorro y lamento desde la oscuridad del mar. Se podían distinguir quejas de niños y llantos de bebés. La dramática situación no dejaba tiempo para la reflexión, las preguntas y debate, se intuía dramas que por repetidos cada día no dejaban de romper el interior de los voluntarios. 

Un primer grupo de voluntarios no dudó,  corrió en la oscuridad lanzándose al agua, arriesgando su vida, combatiendo contra las olas y las rocas que emergían por la playa y el fondo marino. Con gran dificultad avanzaron hacia los gritos y llantos pero no conseguían ver a los náufragos. El cansancio y la desesperación hicieron volverse a la orilla a varios de los voluntarios. Solo unos pocos consiguieron encontrar a los cientos de personas  pidiendo auxilio sobre las enfurecidas olas, pero con la extrema dificultad del oleaje, el cansancio y el riesgo de sus propias vidas solo pudieron rescatar a un menor llevándolo a la orilla.

Un segundo grupo de voluntarios habían conseguido con dificultad poner en el mar una pequeño bote y se dirigieron hacia los refugiados que habían naufragado, la cantidad de refugiados y las olas hicieron que no pudieran subir salvo a 7 personas ante el grave peligro de hundimiento del pequeño bote.  Tuvieron que regresar con los pocos rescatados. Tristes y a
punto de desfallecer de cansancio.

El tercer grupo de voluntarios,  se acercó a la pequeña aldea marinera que se encontraba a la orilla del mar y pidieron  a un grupo marineros que contemplaban la escena que conseguirían  donaciones y les pagarían si  ponían en marcha su barco y conseguían rescatar a los náufragos. Los marineros se echaron a la mar sin exigir nada a cambio

Los marineros, profesionales del mar,  con un barco grande  y con medios de salvamento, consiguieron salvar a doscientos treinta y seis refugiados que habían naufragados. Al día siguiente las noticias de la prensa comentaron que había sido un enorme éxito el rescate, un total de 240 personas habían sido salvadas, todas las que habían naufragado incluídos los más de 66 niños y niñas; a los 236 puestos a salvos por los marineros se le unió el que salvaron los voluntarios que se lanzaron al mar,  dos voluntarios de este grupo que están ingresados muy graves en el hospital por sus golpes contra las rocas y  los otros tres que salvaron los que conducían el pequeño bote.

Esta vez las lágrimas del mar que rodea la Isla de LAMPEDUSA se transformaron en sonrisas tiernas. Ganó la vida.

Pasados los  primeros momentos  los voluntarios escucharon las voces y las dudas del mar.

¿Quiénes fueron los héroes, las maravillosas personas que ayudaron a los refugiados?.

 ¿El primer grupo puso todo el corazón, el entusiasmo, la voluntad, la intención aún a riesgo de perder sus vidas?. 

 ¿El segundo  grupo que fué más prudente, midió más la acción y obtuvo un resultado mayor aunque muy insuficiente?. 

¡El tercero, pragmático a la vez que analítico que salvaron la vida de 236 personas?.

El mar le transmitía a los voluntarios que  los tres hicieron bien y el bien, aunque el resultado fuera distinto. Para hacer lo correcto habría que hacer como esos tres en una suma equilibrada  de acciones y actitudes. Fijarse en la actitud, en el valor en sí de la acción, buscar la prudencia del hacer  y actuar de manera que las consecuencias consiga los objetivos humanos por los que nos desvivimos. 
Aunque casi siempre sólo tenemos en cuenta una de las tres cosas, pocas veces dos, y rara vez las tres. Depende.  El mar les transmitía que hay quien es más voluntarioso que inteligente, y al revés. O quien se queda en medio, el prudente. Actitud e intención, prudencia e uso inteligente de nuestro hacer…ojalá avancemos interioricemos unas buenas dosis de las tres.

Pero el mar también le transmitió que la muerte y las lágrimas en el mar no deberían existir ni depender de conciencias y corazones individuales o de grupo, que debería ser una labor de las autoridades comprometidas con el cuidado de las vidas que lloran y mueren  en el mar.
Mientras tanto... gracias, voluntarios, gracias  buenas gentes, gracias marineros que lográis que evitar lágrimas al mar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario