domingo, 10 de enero de 2021

¿La Ciudad de los niños o la ciudad de los coches?


¿La Ciudad de los niños o la ciudad de los coches?.

Cuentos Municipales. Pepe Oliver


"Si las Ciudades las pensamos y organizamos para cubrir las necesidades y vida de los niños y las niñas, las ciudades serán inclusivas no solo para las niñas y los niños sino para todos los ciudadanos".
Pepe Oliver.

 Esta historia no ha sucedido, ¿sucedió?, ¡está sucediendo? pero... seguro que si no ha pasado, pasará algún día en  Dos Hermanas. 

 Llegó un día que nuestra ciudad  había sido invadido por  los coches. Ibas por la calle y no podías cruzar ni siquiera por los pasos de peatones. Habían coches en las calles, en las aceras, hasta en los patios de los centros escolares, en las puertas de las casas  que a veces impedían la entrada a éstas y en las plazas impidiendo que los niños y las niñas pudieran jugar tranquilamente. 

Habían coches de todo tipo y clases, grandes, pequeños, camiones, autocaravanas, furgonetas.

Llegó un momento  que los accidentes y los choques eran continuos, llegaron a ser tantos los coches que no les quedaban sitio para moverse  hasta el punto que llegó un día que  se quedaron quietos.

 La ciudad se paralizó porque las gentes no podían salir a las calles y  para ir a la panadería tenía que subirse y avanzar saltando de coche en coche.

Los ciudadanos estaban  muy enfadados y furiosos pero al mismo tiempo se sabían responsables y dueños de los coches que habían colapsado la ciudad. 
No tenían a quien echarle las culpas.

Como es lógico, la gente estaba al borde de un ataque de nervios . —¡Ya está bien! —¡Hay que hacer algo!-

¿Para qué está el Ayuntamiento¿ Por qué el alcalde no piensa en ello y busca soluciones? 
El alcalde oía aquellas protestas y refunfuñaba: —Por pensar, pienso. Pienso en ello día y noche, es mi gran preocupación pero no encuentro salida-. 

 Las gentes añadieron un nuevo problema, al llevar días sin arrancar los coches temían  quedarse sin baterías y encendían los miles de coches que abarrotaban las calles, con lo que la polución, la contaminación y los humos llenaron la ciudad y las luces de los coches encendidos se colaban por las ventanas y las puertas de las casas y no dejaban dormir. 

La consecuencia...tuvieron que llevar a los hospitales a muchas personas, especialmente a niños y personas mayores.

Pero pasó...que un día se presentaron en el Ayuntamiento dos jóvenes acompañados de un tambor y una trompeta. 
Pidieron ser recibido por el alcalde, el guardia le contestó secamente: —Dejarlo tranquilo, no tiene ganas de oír  ni trompeta ni tambores. 
—Tenemos la solución dijeron los jóvenes . —Que nos escuche-, el guardia le respondió ¿por qué os va a recibir el alcalde, ustedes se creen que el Alcalde  está para perder el tiempo con el problema que hay formado con los coches?

 —Dígale que sabemos  cómo liberar a la ciudad de los automóviles. —¿Cómo? ¿Cómo? Oye, largaros, que aquí no se tragan ciertas bromas. 
—Anúncienos  al alcalde, le aseguramos que no se arrepentirá... 

Insistieron tanto tanto que el guardia tuvo que acompañarle ante el alcalde.

 —Buenos días, señor alcalde, dijeron los jóvenes. —Sí, resulta fácil decir buenos días. Para mí solamente será un buen día aquel en el que... —

 ...¿la ciudad quede libre de automóviles? 
Nosotros sabemos  la manera. —¿Ustedes? ¿Y quién os  ha enseñado?  —No importa quién nos  ha enseñado. No pierde nada por dejarnos que lo intentemos. Y si nos promete una cosa antes de mañana ya no tendrá más quebraderos de cabeza. 

—Vamos a ver, ¿que es lo que tengo que prometeros? —

Que a partir de mañana  se organizará  y planificará   la Ciudad  pensando en los niños, los  mayores y las personas con con discapacidad, esta debe ser "Una ciudad de los niños". y no "Una ciudad pensada para los coches" — 

Además también exigimos...
 
"Que habrán caminos señalizados, cuidados y protegidos para que los niños y niñas vayan solos al Colegio y los distintos lugares donde realizan deportes y juegos.

 Que en las calles y en las plazas los protagonistas  serán las personas y no los coches y que se organizarán pensando en ellos.

Todos los acerados y edificios públicos estarán realizados pensando en las personas mayores y con discapacidades 

Que se construirá caminos y lugares para ir de un sitio a otro de la ciudad en bicicletas, patinetes, que se crearán un gran número de calles peatonales y que siempre tendrán prioridad los buses, microbuses y tranvías públicos sobre los coches particulares.

 —¿Y no queréis nada más? —Nada más dijeron los dos jóvenes. —Entonces, chocarlas. Y con un apretón de manos firmaron el acuerdo. Prometido.
 ¿Cuándo empezáis? —Inmediatamente, señor alcalde. —Venga, no pierdan un minuto... Los extraños jóvenes no perdieron  ni un segundo. Cogieron  y prepararon el tambor y la trompeta

Allí, en la misma  oficina del alcalde, empezaron a tocar una marcha. Salieron tocando del Ayuntamiento, dieron una vuelta por la plaza de los Jardines y se dirigieron a   la plaza  del Arenal... 

Al cabo de un momento... —¡Mirad! ¿Qué hace aquel coche? ¡Se ha puesto en marcha solo! —¡Y aquél también! —¡Eh! ¡Si aquél es el mío! ¿Quién me está robando el coche? ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! —¿Pero no ve que no hay ningún ladrón? Todos los automóviles se han puesto en marcha... —Toman velocidad... Corren... —¿Dónde irán? —¡Mi coche! ¡Para, para! ¡Quiero mi coche! — Los coches corrían desde todos los puntos de la ciudad, con un  estruendo de motores, tubos de escape, bocinazos, sirenas, claxon... Corrían, corrían solos.
  
 Los automóviles corrían, corrían... Y llegó un momento en el que no quedó ni uno en la ciudad, ni siquiera uno en la plaza  del Arenal, vacías las calles, libres los paseos, desiertas las plazuelas. ¿Dónde habían desaparecido?

  Ahora corren bajo tierra.
 Los jóvenes  cuando tocaban  la marcha "Pasa la Pepa" se abrían  calles subterráneas bajo las calles, y plazas o en los hoyos como el de la antigua fábrica de Cydeplast o el de las casa sin construir en el Polígono Aceitunero de las Portadas .

 Por allí corrían los coches. Se detenían para que subiera su propietario y reemprendían  la carrera. Ahora hay sitio para todos. Bajo tierra para los automóviles. Arriba para los ciudadanos que querían pasear hablando del gobierno, de la Liga y de la luna, para los niños que querían  jugar, para las mujeres y los hombres que iban   a hacer las compras, para los pensionistas que se reunían para pedir mejores pensiones en la Plaza de los Jardines y muchas personas de todas las edades que se sentaban   para tomar una merienda o una cervecita en las diferentes calles de Dos Hermanas.

  —¡Qué tonto soy —gritaba el alcalde lleno de entusiasmo—. ¡Que estúpido he sido por no habérseme ocurrido antes! Además, los jóvenes habían desaparecido y nadie lo volvieron a ver en la Ciudad.
 Pero seguro que lo recordarán siempre en la Ciudad de Dos Hermanas. 

Momentos antes de su marcha le recordaron al Alcalde que si Dos Hermanas no se convertía en "La Ciudad de los niños" ellos harían que la ciudad se colapsara de nuevo con los coches.

¿Volverán con el tiempo los coches a parar y colapsar Dos Hermanas o definitivamente en toda Andalucía, España y gran parte del Mundo seguirían considerando  a Dos Hermanas, 
"LA CIUDAD DE LOS NIÑOS" 
 Pepe Oliver

Cuento pensando y homenajeando al gran pedagogo italiano Francesco Tonucci (Frato) y el escritor y creador  de cuentos  Gianni Rodari.
Viñetas de FRATO




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