domingo, 23 de febrero de 2020

La ciudad habitable.Una ciudad para vivir .



La ciudad habitable.
 Otro Modelo de Ciudad: Una ciudad para vivir .
Espacio de Reflexión
  VERDE.
"Es la consigue mantener  una relación sentimental  entre el ser humano y la naturaleza.

Una ciudad con pulmones que la hace  respirar. Los parques, los jardines, las calles arboladas y los maceteros de las ventanas están   más presente y se visibilizan más  que  los paisajes de cemento.
La ciudadanía se preocupa y exige a las autoridades que mejore día a día:
 
*El nivel y la intensidad de los CO2.
*El consumo y la intensidad de la energía.
*La sostenibilidad de los edificios.
*La sostenibilidad del transporte. 
*El uso y tratamiento de los residuos industriales y domésticos.
*El uso y tratamiento de aguas industriales y domésticas.
*La calidad del aire y el nivel y la intensidad de las distintas emisiones.
*El buen gobierno medioambiental. También:
*El Producto Industrial Bruto (PIB) medio.
*Los espacios verdes.
Los diez mandamientos de la ciudad habitable*La densidad de la población.
 
PÚBLICA

Aunque es difícil cuantificarlo con estadísticas, se sabe que la calidad de los espacios públicos de una ciudad influye en la felicidad de sus habitantes. En una época en la que cada centímetro de suelo se aprovecha para fines privados y comerciales, se empiezan a apreciar las nefastas consecuencias de la desaparición del espacio público.
Los diez mandamientos de la ciudad habitable Las ciudades pierden vida y sus habitantes se ahogan. La vida que surge entre los edificios forja la personalidad y el carisma de una ciudad. Es ahí donde la gente se reúne, en fiestas o en manifestaciones, para convertirse en algo más grande que ellos mismos. Poseer las calles y llenar las plazas es un viejo derecho democrático de la población urbana.

DOMÉSTICA
El mobiliario urbano puede transformar una calle, convirtiendo un paisaje hostil en un lugar acogedor. No dar con una papelera es un fastidio. Las papeleras, los bancos o una iluminación elegante contribuyen a que la vida urbana florezca más allá de la puerta de nuestras casas.

 La tiranía de algunos reguladores demasiado cautos, que ven en el mobiliario urbano una invitación al vandalismo, ha convertido los espacios públicos en meras rutas entre dos puntos. La desconfianza genera mala conducta. Irónicamente, promover una cultura amable mediante el diseño de lugares en los que la gente pueda detenerse tranquilamente evita la delincuencia y el vandalismo de manera más eficiente y natural.

ENTRÓPICA

Las primeras ciudades nacieron donde la gente se reunía para comerciar con bienes y contarse novedades. Un intercambio diversificado es la argamasa que ha mantenido siempre unida a una ciudad. Aunque hoy reconocemos la necesidad de que haya tolerancia, resiliencia y diversidad, la expansión urbana tiende a sistematizar el espacio y a crear guetos. 

Y así se crean entornos estériles y segmentados que, como las cámaras de resonancia físicas, no reflejan el desorden de la vida real. Apoyar iniciativas independientes es crucial para que la población urbana mantenga su espíritu y su ayuda mutua. Las ciudades avanzan cuando son lugares fértiles para un intercambio diversificado.

MÓVIL


Las ciudades más habitables facilitan el movimiento de sus habitantes. Desde recorridos peatonales hasta carriles para bicicletas, pasando por un excelente transporte público y una gestión sensata del tráfico, disponer de opciones de movilidad permite a los habitantes de una ciudad trazar su propio camino a través de la jungla urbana.

Cuanto más fácil es trasladarse por dentro y por fuera de una ciudad, más vida se nota. Una infraestructura robusta y coherente permite a la población y no al tráfico sentar las pautas de la experiencia urbana.
 Planificar a largo plazo es importante. Un proyecto inteligente puede dotar a la ciudad de carácter. Un sistema de transporte que funcione bien y disfrute de un buen mantenimiento puede convertirse en motivo de orgullo.

SEÑALIZADA

El lenguaje verbal de nuestras calles influye en el carácter de una ciudad. Una buena señalización comunica mucho más que el nombre de la calle o la dirección del tráfico. Aunque todos llevamos teléfonos inteligentes en el bolsillo, los mapas y las rutas expuestos en las aceras ayudan a absorber mejor el entorno físico y a transitar por diferentes zonas en un contexto real y no virtual.
 Las señales nos proporcionan caminos para adentrarnos en experiencias urbanas. Nos ayudan a leer las ciudades, y un espacio legible se abre ante nosotros como las buenas historias. Una ciudad transitable es una ciudad que funciona.

 CULTA
Si la población es la savia de una ciudad, la cultura es su alma. Darle oportunidades a la cultura para que florezca es vital para crear un entorno urbano estimulante. A fin de que esto ocurra, es crucial una programación robusta en toda la ciudad. 
La cultura no existe únicamente en las instituciones y en los lugares designados para ello. Debe aprovecharse toda oportunidad, por pequeña que esta sea, para que la gente participe, desde exposiciones de arte públicas permanentes hasta instalaciones temporales en edificios infrautilizados o la celebración de fiestas locales. Una dirección creativa que logre provocar una respuesta apasionada contribuye a generar un sentimiento de orgullo local entre la población urbana.

ANTIGUA Y MODERNA

Las ciudades son depósitos de cultura social histórica con capas que evolucionan constantemente. Cuantas más capas visibles haya, más fascinantes se nos presentan. Las leyes de protección ayudan a preservar el pasado de las ciudades, pero también es importante dejar espacio para contar historias de futuro. Con la rapidez con la que crecen, es fundamental mantener una tensión racional entre lo antiguo y lo moderno. 

 Para ello debe existir un sano debate en torno a cómo seguir contando la historia de un edificio, de un barrio o de una ciudad. No estamos hablando aquí de la construcción de lugares por parte de promotores urbanos. La existencia de un foro en el que pueda debatirse qué importa y por qué crea un compromiso más profundo entre la población y su hábitat urbano.

SEGURA

Vivimos en una época en la que la vigilancia generalizada y la policía armada, concebidas para velar por nuestra seguridad, nos hacen sentir más inseguros. Una seguridad tan intensiva no es la mejor protección para una ciudad. El recurso más valioso para hacerlo es la población misma.
 Esto no quiere decir que la vigilancia ciudadana sea la mejor manera de avanzar. Más bien al contrario. Diseñar entornos en los que la gente se sienta cómoda y bienvenida y donde pueda detenerse y pasar el rato es un factor disuasorio de la delincuencia mucho más humano que los alambres de púas y la televigilancia. 

Cuando nos sentimos seguros en público, vigilamos de forma natural y nos cuidamos mutuamente. La protección es una percepción que inspira seguridad, y no al contrario.

El País
https://elpais.com/elpais/2019/05/07/eps/1557221012_340665.html

 Los diez mandamientos de la ciudad habitable

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