lunes, 30 de marzo de 2020

La crisis del coronavirus y nuestros tres niveles de negacionismo. Jorge Riechmann Fernández

La crisis del coronavirus y nuestros tres niveles de negacionismo.

Profesor de Filosofía moral y política, Universidad Autónoma de Madrid
Artículo publicado en The Conversation
La Vida en tiempos del coronavirus.
Espacio de Reflexión.

La naturaleza nos está enviando un mensaje con la pandemia de coronavirus (que no deberíamos ver sino como uno de los elementos de la crisis ecosocial sistémica en curso), según el responsable de medio ambiente de Naciones Unidas, Inger Andersen.
Andersen ha declarado que la humanidad está ejerciendo demasiadas presiones sobre el mundo natural con consecuencias dañinas, y advierte de que no cuidar la naturaleza significa no cuidarnos a nosotros mismos.
No ser capaces de responder adecuadamente a crisis como esta remite a nuestro problema de negacionismo. Sobre ello ha insistido con acierto George Monbiot:
“Hemos estado viviendo dentro de una burbuja, una burbuja de confort falso y denegación. En las naciones ricas, habíamos comenzado a creer que hemos trascendido el mundo material. La riqueza acumulada, a menudo a expensas de otros, nos ha protegido de la realidad. Viviendo detrás de las pantallas, pasando de una cápsula a otra –nuestras casas, coches, oficinas y centros comerciales–, nos convencimos de que la contingencia se había retirado, de que habíamos llegado al punto que todas las civilizaciones buscan: aislamiento de los peligros naturales”.

La crisis sanitaria causada por el coronavirus nos devuelve bruscamente a la realidad. Somos organismos ecodependientes e interdependientes dentro de una biosfera donde “todo está conectado con todo lo demás” –según la célebre primera ley de la ecología de Barry Commoner– y donde los virus son fuente de variabilidad y motor de la evolución biológica.
También Santiago Alba Rico ha llamado la atención sobre este carácter de vuelta a la realidad de la pandemia. Y Eva Borreguero realiza una valiosa reflexión sobre el coste del negacionismo a partir de la pandemia de COVID-19: “En la actual crisis epidemiológica encontramos un anticipo de lo que nos espera si no nos tomamos en serio el cambio climático. Los dos fenómenos comparten, además del negacionismo, otras particularidades; un modus operandi –una amenaza abstracta y difusa que en un giro sorpresivo adquiere una tangibilidad íntima y material brutal–; o la aproximación al coste de modular los efectos”. Movilizarse a destiempo puede convertir las crisis en catástrofes terminales.

Los negacionismos humanos

La cultura dominante padece un problema muy básico de negacionismo. Pero no en el que era el sentido más habitual de negacionismo hace veinte años (referido al Holocausto, la Shoah), el que podríamos llamar nivel cero. Ni tampoco al más corriente hoy, el negacionismo climático,

nivel uno.

El nivel dos es un negacionismo más amplio: el negacionismo que rechaza que somos seres corporales, finitos y vulnerables, seres que han puesto en marcha procesos destructivos sistémicos de magnitud planetaria, y que hemos desbordado los límites biofísicos del planeta Tierra.
Me refiero al negacionismo que rechaza la finitud humana, nuestra animalidad, nuestra corporalidad, nuestra mortalidad, y esos límites biofísicos que visibiliza, por ejemplo, la famosa investigación (sobre nine planetary boundaries) de Johan Röckstrom y sus colegas en el Instituto de Resiliencia de Estocolmo.
Y habría, más allá de esto, un tercer nivel de negacionismo: el que rechaza la gravedad real de la situación y confía en poder hallar todavía soluciones dentro del sistema, sin desafiar al capitalismo. 

Por desgracia (porque esto complica aún más nuestra situación), ya no es así. Dejamos pasar demasiado tiempo sin actuar. Ojalá existiesen esos espacios de acción, pero eso equivale en buena medida a decir: ojalá estuviésemos en 1980, en 1990, en vez de en 2020. Ojalá 350 ppm de dióxido de carbono en la atmósfera, en vez de 415 (y creciendo rápidamente). Los bienintencionados Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, por ejemplo, llegan con decenios de retraso.

El ecomodernismo –con versiones de izquierdas y de derechas– asume que una transformación ecosocialista decrecentista es imposible, y que solo habría salvación posible acelerando todavía más nuestra huida prometeica hacia adelante: buscando un futuro de alta energía y alta tecnología. Pero esto queda dentro del negacionismo de tercer nivel.

Negacionismo, capitalismo y límites biofísicos: este es el tema de nuestro tiempo. El problema viene de lejos. De hecho, los debates y las opciones decisivas tuvieron lugar sobre todo en los años 1970, con 1972 como fecha clave (Cumbre de Estocolmo e informe Los límites del Crecimiento). Desde entonces sabemos con certidumbre científica que la civilización que Europa propuso al mundo entero a partir del siglo XVI (expansiva, colonial, patriarcal y capitalista) no tiene ningún futuro.

Cuanto más tardemos en transitar a alguna clase de poscapitalismo, peor será la devastación. Pero por desgracia, en los años 1970-1980, junto con el neoliberalismo, se impuso el negacionismo.

¿Aprenderemos de la actual crisis?

Hemos hablado con cierta frecuencia de aprendizaje por shock. El shock lo tenemos aquí, en forma de SARS-CoV-2: un virus zoonótico (procedente de un animal) frente al que no tenemos inmunidad previa y que está poniendo patas arriba el mundo entero. El shock está aquí, y se trata solo de uno entre los que venimos padeciendo y vamos a padecer. Pero ¿seremos capaces de un aprendizaje colectivo?
Monbiot nos amonesta:
“La tentación, cuando esta pandemia haya pasado, será encontrar otra burbuja. No podemos permitirnos sucumbir a eso. De ahora en adelante, debemos exponer nuestras mentes a las realidades dolorosas que hemos negado durante demasiado tiempo”.
Tiene toda la razón. La crisis originada por esta pandemia es poca cosa al lado de lo que se avecina a causa de la catástrofe climática, la crisis energética y la Sexta Gran Extinción.
¿Nos sobrepondremos al tercer nivel de nuestro negacionismo para ser capaces de afrontar las transformaciones sistémicas, revolucionarias, que necesitamos desesperadamente?


domingo, 29 de marzo de 2020

"LA PESTE. Albert Camus. Textos de la Literatura Universal para disfrutar y pensar.



 "LA PESTE.Albert Camus. 
Textos de la Literatura Universal para disfrutar y pensar.
 La Vida en tiempos del coronavirus.
 Albert Camús.
(Mondovi, Argelia, 1913 - Villeblerin, Francia, 1960). Novelista, dramaturgo, pensador y ensayista francés. Nacido en el seno de una modesta familia de emigrantes franceses, colonos, su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Inteligente y disciplinado, empezó estudios de filosofía en la Universidad de Argel, que no pudo concluir debido a que enfermó de tuberculosis.
  
La peste narra las consecuencias del aislamiento de toda una ciudad, lo cual pone de manifiesto lo mejor y lo peor que cada uno de sus ciudadanos lleva dentro: sus miedos, traiciones, individualismo, pero también la solidaridad, la compasión, el espíritu de colaboración con el prójimo en tareas comunes…  
Novela apasionante , de gran densidad de pensamiento y de profunda comprensión del ser humano, se ha convertido en uno de los clásicos más indiscutibles de la literatura francesa y universal de todos los tiempos y en uno de los más leídos. 
¿Que nos enseñó ALBERT CAMÚS?.

Añadir leyenda
Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. En las situaciones de crisis, sale a luz lo peor de la sociedad: insolidaridad, egoísmo, inmadurez, irracionalidad. Pero también emerge lo mejor. Siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los demás. Publicada en 1947, La peste intenta ser una respuesta al dolor desatado por la Segunda Guerra Mundial. Ambientada en Orán, narra los estragos de una epidemia que causa centenares de muertes a diario. La propagación imparable de la enfermedad empujará a las autoridades a imponer un severo aislamiento. Todo comienza un dieciséis de abril. En esas fechas, Orán es una ciudad con una vida frenética. Casi nadie repara en las existencias ajenas.
Sus habitantes carecen de sentido de la comunidad. No son ciudadanos, sino individuos que escatiman horas al sueño para acumular bienes. La prosperidad material siempre parece una meta más razonable que la búsqueda de la excelencia moral.

 

FRAGMENTOS Y FRASES DE LA PESTE.
(Libro y diversos artículos).
Hombres que se creían frívolos en amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. (...) Era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria. 
......
“Por eso me he decidido a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, por buenas o malas razones, haga morir o justifique que se haga morir.
Por esto es por lo que no he tenido nada que aprender con esta epidemia, si no es que tengo que combatirla al lado de usted. Yo sé a ciencia cierta (sí, Rieux, yo lo sé todo en la vida, ya lo está usted viendo) que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella. Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección. Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son el resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca. El homre íntegro, el que no infecta a casi nadie es el que tiene el menor número posible de distracciones. ¡Y hace falta tal voluntad y tal tensión para no distraerse jamás! Sí, Rieux, cansa mucho ser un pestífero. Pero cansa más no serlo. Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran un poco pestíferos. Y por eso, sobre todo, los que quieren dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarlos de él más que la muerte.”
.....
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía
presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que
esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros,
que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede
permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que
espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas,
los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste,
para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las
mande a morir en una ciudad dichosa.
......
FRASES DE LA PESTE.

 Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina. 

*El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.
*Hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana.

*Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa. 

 *Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto, no es capaz de nada que valga la pena.

*El resto de la historia, (...), era muy simple. Es lo mismo para todos: la gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse. (...) El cansancio era la causa, él se había abandonado.

 *El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad.

*Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido". Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. 

 

sábado, 28 de marzo de 2020

Todo lo que debes saber sobre el lavado de manos. Coronavirus (COVID-19). UNICEF

Todo lo que debes saber sobre el lavado de manos para protegerte del coronavirus (COVID-19).

La Vida en tiempos del coronavirus.

Lavarte las manos te puede salvar la vida y proteger a tus seres queridos

UNICEF
https://www.unicef.org/es/coronavirus/todo-lo-que-debes-saber-sobre-el-lavado-de-manos-para-protegerte-del-coronavirus-covid-19 
La Vida en tiempos del coronavirus.

Los virus respiratorios como la enfermedad por coronavirus (COVID-19) se contagian cuando la mucosidad o las gotas que contienen el virus entran en el cuerpo a través de los ojos, la nariz o la garganta. Lo más frecuente es que esto suceda a través de las manos, que también son una de las vías más frecuentes de contagio de virus de una persona a otra.

Durante una pandemia mundial, una de las formas más baratas, sencillas e importantes de prevenir el contagio de un virus es lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón.

Esto es todo lo que debes saber para lavarte las manos correctamente:

1. ¿Cuál es la forma correcta de lavarse las manos?

Para eliminar cualquier rastro del virus de las manos, no basta con frotar y aclarar rápidamente. Este es el proceso para lavarse las manos de manera eficaz, paso a paso.

  • Paso 1: Mojarse las manos con agua corriente
  • Paso 2: Aplicar una cantidad suficiente de jabón para cubrir las manos mojadas
  • Paso 3: Frotar por toda la superficie de las manos (el dorso, el espacio entre los dedos y debajo de las uñas) durante, al menos, 20 segundos
  • Paso 4: Aclarar bien con agua corriente
  • Paso 5: Secarse las manos con un paño limpio o una toalla de un solo uso
2. ¿Cuánto tiempo debería dedicar a lavarme las manos?

Deberías dedicar entre 20 y 30 segundos a lavarte las manos. Una manera sencilla de calcularlo es cantar la canción del cumpleaños feliz entera dos veces.

Es igual para el desinfectante de manos: utiliza un desinfectante que tenga un contenido mínimo de alcohol del 60% y frótate las manos durante al menos 20 segundos para asegurarte de cubrir toda la superficie.

3. ¿Cuándo debería lavarme las manos?

En el contexto de la prevención del COVID-19, deberías lavarte las manos en las siguientes ocasiones:

  • Después de sonarte la nariz, toser o estornudar
  • Después de visitar un espacio público, como transportes, mercados y lugares de culto
  • Después de tocar superficies fuera de tu hogar, por ejemplo, dinero
  • Antes y después de cuidar a una persona enferma y también mientras la estés cuidando
  • Antes y después de comer
En general, siempre deberías lavarte las manos en los siguientes casos:

  • Después de ir al baño
  • Antes y después de comer
  • Después de estar en contacto con la basura
  • Después de tocar animales y mascotas
  • Después de cambiarle el pañal a un bebé o de ayudar a un niño a usar el retrete
  • Siempre que tengas las manos visiblemente sucias
4. ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a lavarse las manos?

Puedes ayudar a tu hijo a lavarse las manos facilitándole la tarea, por ejemplo, colocando un taburete para que pueda alcanzar el agua y el jabón él solo. También puedes convertirlo en algo divertido cantándole sus canciones favoritas mientras le ayudas a frotarse las manos.

5. ¿Tengo que usar agua caliente para lavarme las manos?

No, para lavarte las manos puedes usar agua a cualquier temperatura. El agua fría y el agua caliente son igual de efectivas a la hora de eliminar gérmenes y virus, ¡siempre y cuando utilices jabón!

6. ¿Tengo que secarme las manos con una toalla?

Los gérmenes se propagan más fácilmente por la piel húmeda que por la piel seca, así que es importante secarse las manos por completo. Secarse las manos con papel o con un paño limpio es la forma más efectiva de eliminar gérmenes

sin extenderlos a otras superficies.

  7. ¿Es mejor lavarse las manos o usar un desinfectante de manos? 
En general, y siempre que se haga o se use correctamente, tanto lavarse las manos con agua y jabón como usar un desinfectante de manos son formas muy eficaces de eliminar la mayoría de gérmenes y patógenos. El desinfectante de manos suele ser más cómodo cuando no estás en casa, pero puede ser caro o difícil de encontrar en contextos de emergencia. Además, el desinfectante de manos con alcohol mata al coronavirus, pero no a todos los tipos de bacterias y virus. Por ejemplo, es relativamente ineficaz contra el norovirus y el rotavirus.
8. ¿Qué hago si no tengo jabón?

En caso de no tener jabón y agua corriente, la mejor opción es utilizar agua clorada o un desinfectante de manos que tenga un contenido mínimo de alcohol del 60%. Si estos tampoco están disponibles, el agua jabonosa y la ceniza pueden ayudar a eliminar las bacterias, aunque no son tan eficaces. Si utilizas estos métodos, es importante que te laves las manos lo antes posible cuando consigas acceso a instalaciones de lavado de manos y que, mientras tanto, evites el contacto con otras personas y superficies.


9. ¿De qué otras formas puedo contribuir a frenar la propagación del coronavirus?

 

  • Sigue el protocolo adecuado al estornudar y toser: cúbrete la boca y la nariz con un codo flexionado o con un pañuelo cuando tosas o estornudes, desecha el pañuelo inmediatamente y lávate las manos
  • Evita tocarte la cara (la boca, la nariz y los ojos)
  • Pon en práctica el distanciamiento social: evita dar la mano, abrazar o besar a otras personas, así como compartir comida, utensilios, vasos y toallas
  • Evita el contacto directo con cualquier persona que presente síntomas similares a los de la gripe o el resfriado
  • Busca ayuda médica lo antes posible si tú o tu hijo tienen fiebre, tos o dificultades para respirar
  • Limpia las superficies que hayan podido estar en contacto con el virus, y, en general, limpia todas las superficies con más frecuencia (sobre todo en espacios públicos).
  •  

ENSAYOS SOBRE LA CEGUERA.¿Una metáfora de hoy?. JOSÉ SARAMAGO.

  
 
ENSAYOS SOBRE LA CEGUERA.¿Una metáfora de hoy?
 JOSÉ SARAMAGO.
Textos de la Literatura Universal para disfrutar y pensar. 
La Vida en tiempos del coronavirus. 

ENSAYOS SOBRE LA CEGUERA.¿Una metáfora de hoy?

Una ciudad se queda paralizada: una plaga de ceguera afecta a toda la población. No son ciegos, "están ciegos". José Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 1922-Tías, Lanzarote, 2010) construye a partir de ahí una de sus más brillantes, e inquietantes, metáforas que puede tener mucho paralelismo con nuestro hoy.

Uno entra en esa situación como entra en el libro: estupefacto ante la simbología contemporánea a la que Saramago da curso. Los hombres están ciegos, se mueven como autómatas, reciben órdenes que cumplen sin preguntar por la razón de esas indicaciones, y la sociedad se sumerge así en un letargo cuya metáfora es esta ceguera que llena de espanto a sus personajes.

Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron. José Saramago traza en este libro una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos que estamos viviendo. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza?
 

MÁS que frases del LIBRO...¿metáforas de nuestro hoy?

*Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven. 

*Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido. 

*En las adversidades, tanto las probadas como las previsibles, se conocen los amigos.

*Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.

*Sabido es que las razones humanas se repiten mucho, y las sinrazones también.

Lo difícil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas.
  
*La gente joven se conforma rápidamente, tiene toda la vida por delante. 

*La experiencia es realmente maestra de la vida. 

*Para él la luz, esta luz, se había convertido en ruido. 

* “Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos.”

*Algunas palabras dichas a tiempo valen más que un discurso que agravaría la difícil situación. 

*“No hay bien que dure siempre, tampoco hay mal que siempre dure, máximas supremas de quien tuvo tiempo para aprender con los golpes de la vida y de la fortuna.”

*En verdad aún está por nacer el primer ser humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo. 

*“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos.”
 *Las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible. 
 “El miedo ciega.”

 *Iré viendo menos cada vez, y aunque no pierda la vista me volveré más ciega cada día porque no tendré quien me vea. 
“Ante la muerte, lo que se espera de la naturaleza es que los rencores pierdan su fuerza y su veneno, cierto es que se dice que odio viejo no cansa.”


Si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible para no vivir enteramente como animales.

(Frases de  apuntes propios y de diferentes webs)

viernes, 27 de marzo de 2020

DIARIO DE LA PESTE. (Fragmentos). DANIEL DEFOE La Vida en tiempos del coronavirus.





DIARIO DE LA PESTE. (Fragmentos).
DANIEL DEFOE.
 La Vida en tiempos del coronavirus. 
Textos de la Literatura Universal para disfrutar y pensar.

La obra mejor conocida de Daniel Defoe, el escritor inglés del siglo XVIII , es sin lugar a dudas Robinson Crusoe. Pero no fue de ninguna manera la única. También dejó, en su “Diario del año de la peste”, un magnífico fresco de la vida cotidiana en el Londres de la gran peste de 1665, que personalmente vivió de niño, porque en ese tiempo tenía unos cinco años de edad, aunque relata por boca de un personaje ficticio.
Daniel Defoe. Escritor inglés.1660-1731.Diario del año de la peste. La 1º edición se publicó en 1722.


El Triunfo de la Muerte (1562), óleo sobre tabla de Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569), Museo del Prado, Madrid.  

“Al estar paralizados todos los ramos de actividad, los empleos cesaron, desapareciendo el trabajo y, con él, el pan de los pobres; y los lamentos de los pobres eran, ciertamente, muy desgarradores al principio, si bien el reparto de limosnas alivió su miseria en ese sentido. Cierto es que muchos escaparon al campo, mas hubo miles de ellos que permanecieron en Londres hasta que la pura desesperación les impulsó a salir de la ciudad, al solo fin de morir en los caminos y servir de mensajeros de la muerte, pues hubo quienes llevaron consigo la infección y la diseminaron hasta los confines más remotos del reino.

Muchos de ellos eran los miserables seres de objeto de la desesperación a que he aludido antes; y fueron aniquilados por la desgracia que sobrevino después, pudiendo decirse que perecieron, no por la peste misma, sino por sus consecuencias; señaladamente, de hambre y de escasez de todas las cosas elementales, sin alojamiento, sin dinero, sin amigos, sin medios para conseguir su pan de cada día ni nadie que se lo proporcionase, ya que muchos de ellos carecían de lo que llamamos residencia legal y por ello no podían pedir nada a las parroquias. (...).

Todo ello, si bien no deja de ser muy triste, representó una liberación, ya que la peste, que arreció de una manera horrorosa desde mediados de agosto hasta mediados de octubre, se llevó durante ese tiempo a unas treinta o cuarenta mil personas de estas, las cuales, de haber sobrevivido, hubieran sido una carga demasiado pesada debido a su pobreza.” 
"Diario del año de la peste" (Fragmento).
 Daniel Defoe. Diario del año de la peste. La 1º edición se publicó 2n 1722
 (referido a la epidemia de 1664-66).
 

"De esta taberna hablo con bastante disgusto. Los dueños eran gente amable y cortés, y muy serviciales, y hasta entonces habían tenido la casa abierta y habían seguido con su comercio, aunque no de un modo tan público como antes; pero frecuentaban su casa un hatajo de hombres sin conciencia que, en medio de aquellos horrores, se reunían allí todas las noches y se entregaban a todos los excesos y escándalos habituales en tales gentes en otras circunstancias, y la verdad es que llegaban a extremos tan repugnantes que los propios dueños de la casa empezaron por sentirse avergonzados y terminaron aterrorizados por ellos.

 Generalmente se instalaban en una sala que daba a la calle, y como siempre se quedaban hasta muy tarde, cuando aparecía el carro de los muertos al final de la calle, para dirigirse a Houndsditch, que estaba delante de las ventanas de la taberna, apenas oír la campana, solían abrir las ventanas y mirar hacia fuera; y como a menudo, mientras pasaba el carro, se oían lamentaciones de la gente que estaba en la calle o se asomaba a las ventanas de sus casas, aquellos desvergonzados se burlaban de ellos y les escarnecían, sobre todo si oían que la pobre gente invocaba a Dios para que tuviese misericordia de ellos, como muchos hacían en aquellos tiempos mientras andaban por las calles"

 [Fragmento tomado de “Diario del año de la peste”, de Daniel Defoe

 

 Obra anónima que ilustra los puertos del Guadalquivir en el siglo XVI, antes de la gran peste de Sevilla que azotaría la ciudad en 1649.
Casi al mismo tiempo de Peste que narra D.Defoe en Londres había llegado a Sevilla. La epidemia de peste de 1649 fue la mayor crisis epidémica que ha padecido Sevilla, que supuso una gran quiebra de su población, en la que murieron al menos 60 000 personas, lo que representaba el 46 % de la población de la ciudad.


 La peste de 1649 en Sevilla. Anónimo. Museo del Hospital Del Pozo Santo. Sevilla

jueves, 26 de marzo de 2020

El coronavirus como ensayo del cambio climático. Florent Marcellesi.




El coronavirus como ensayo del cambio climático

Florent Marcellesi.

 Es ingeniero de caminos, canales y puertos por la Universidad de Lyon; es urbanista por el Instituto de Ciencias Políticas de París; y especialista en cooperación internacional por la Universidad del País Vasco.

 La Vida en tiempos del Coronavirus. Espacio de Reflexión

 

Con el coronavirus, la naturaleza nos llama al orden. De forma poderosa, como un relámpago, inesperada. Y nos avisa. Esto es un ensayo general ante otra pandemia global que, según Naciones Unidas, es más mortal y peligrosa aún; una pandemia que, a cámara lenta, amenaza la supervivencia civilizada de nuestras sociedades, tan soberbias, industrializadas y tecnologizadas como frágiles, insostenibles e interdependientes. Así que usemos las enseñanzas de esta inmensa crisis sanitaria para atender a tiempo, y con la suficiente determinación, el mayor reto sanitario, económico y social del siglo XXI: el cambio climático.


¿Qué podemos aprender, pues, de los tiempos de excepción generados por el Covid-19

Primero, que las decisiones se tienen que tomar en función de las evidencias científicas. Ante el coronavirus, todos los países afectados, independientemente de su régimen político o ideológico, y tras una primera fase de negación, han tenido que admitir la realidad material y biológica de la crisis y ponerse por fin en los peores (pero a la vez más probables) escenarios. Pues bien, en el caso del cambio climático no existe hoy en día duda alguna, la comunidad científica es unánime: nos queda apenas una década para evitar los peores (pero también más probables) escenarios del calentamiento global. Y los compromisos actuales de reducción de gases por parte de los países, incluidos los de España y la Unión Europea, no permiten en absoluto cumplir con el Acuerdo climático de París. Actuar hoy alineándose con la Ciencia es la única alternativa realista y sensata para frenar la pandemia climática.



Segundo, la salud y la vida de las personas tienen que estar por encima de la economía, la producción y el consumo. No es éticamente asumible, como pretendía Boris Johnson en un principio, sacrificar vidas humanas para mantener viva la economía. Más bien al contrario, es necesario aplicar medidas drásticas a la altura del reto al que nos enfrentamos para salvar vidas y evitar un coste social, económico e institucional aún mayor en el futuro que nos acerque a posibilidades reales de colapso sistémico. La buena noticia es que, con el coronavirus, nos hemos dado cuenta de que es perfectamente factible. Es más, todo lo que parecía imposible hace unos días se ha vuelto posible hoy. Ayer inquebrantable, el consenso neoliberal hegemónico, tan dañino para la Sanidad pública que hoy, sin embargo, sustenta la respuesta a la crisis, ha sido hecho pedazos en tiempo récord por la emergencia sanitaria. Por el bien de millones de personas, hoy y mañana, hagamos que la emergencia climática marque a su vez el ocaso del ‘consenso del crecimiento económico’, incompatible con la defensa del clima.

Y es que en estos momentos de crisis, el coronavirus desnuda con total crudeza las contradicciones de la economía del crecimiento. Con el parón de producción, consumo y desplazamientos laborales y de ocio debido al Covid-19, nunca se había visto el agua de Venecia tan limpia y llena de vida, nunca se ha respirado un aire tan puro en las grandes urbes españolas, ni se ha producido un descenso tan acusado de los gases de ‘efecto invernadero’… a la par que se asoma una recesión y una descomunal pérdida de empresas y de empleo. Es el dilema del crecimiento: en tiempos de bonanza, la economía del crecimiento mantiene una maquinaria económica y laboral, pero destruye a la vez las bases materiales de la vida. Una maquinaria que, en tiempos de recesión, aboca al paro y al cierre masivo de de empresas dando, sin embargo, un respiro a nuestra salud y al clima.

La economía del crecimiento no es capaz de combinar bienestar y sostenibilidad. Por eso, en cuanto toque la reconstrucción de España y Europa tras el paso del coronavirus, hagámoslo sobre nuevas bases sociales y ecológicas, construyendo una economía post-crecimiento que satisfaga las necesidades de la ciudadanía respetando los límites ecológicos del planeta.






Tercero, es preciso asumir y explicar que esta (re)construcción social y ecológica post-emergencias no es un camino de rosas. Si bien abre horizontes prometedores, la transición ecológica, tampoco. Son transformaciones estructurales y profundas que implican modificar sustancialmente nuestro modelo económico y nuestro estilo de vida. Lo estamos viviendo en carne propia con el coronavirus. Pasará lo mismo con la transición ecológica hacia un mundo descarbonizado. Por ejemplo, disminuirán los empleos en los sectores marrones e insostenibles, muy intensivos en CO2 (sector petrolero, turismo de masas, sector automovilístico y aéreo, agroindustria, etc.). Al mismo tiempo, y es la parte positiva, aumentará la actividad y el empleo en los sectores verdes y limpios (energías renovables, turismo y movilidad sostenibles, agroecología, etc.). Así que mejor preparémonos ya. Veamos en esta crisis actual un punto de inflexión y una oportunidad para repensar nuestro modelo de producción y consumo, y planificar la transición ecológica.
Cuarto, los cambios profundos, aun más en tiempo de crisis, sólo son aceptados si se realizan desde conceptos de justicia y atienden prioritariamente a las personas más afectadas, vulnerables o desfavorecidas. Con la crisis del coronavirus, tanto a nivel europeo como español, estamos viendo la importancia del apoyo público a las personas trabajadoras, a las pymes y autónomos, así como a las familias para el cuidado de hijos y a las personas en riesgo de exclusión social o de pobreza; algo fundamental, además, para la aceptación ciudadana de las

De la misma manera, la transición ecológica, que supondrá cambios tan o más profundos que los actuales, sólo será aceptada si atendemos y acompañamos a los sectores y personas más perjudicadas por la llegada de un mundo nuevo, y si más contribuyen al esfuerzo económico y solidario las personas que más poseen. Dicho de otra manera, la transición será justa o no será.




Quinto, se necesita responsabilidad política y civil y sentido de comunidad. En una situación de emergencia como la actual, la competición debe dejar espacio para la cooperación, ya sea institucional, política o social. Se necesita, además, un liderazgo político fuerte para explicar las verdades incómodas, asumir decisiones complejas y transmitir un horizonte realista y esperanzador hacia dónde dirigirnos. También hay que seguir creando redes y lazos de solidaridad, de apoyo y cuidado mutuos. Cuanto más sentimos que pertenecemos a una comunidad, que puede ser multidimensional desde lo local a lo global, más fuertes seremos para enfrentarnos a las transformaciones requeridas, para inventar de forma colectiva nuevos estilos de vida sostenibles (para comer, vestirnos, movernos, viajar, etc.) y para repartir de forma justa y proporcionada el peso y coste de dicho cambio entre todos los miembros de la sociedad. 


Sin duda, la crisis del coronavirus comporta profundos riesgos y consecuencias negativas. Pero, al mismo tiempo, abre también una oportunidad sin precedentes. Como decía Séneca: «La adversidad es ocasión de virtud». Con todo lo aprendido, aprovechémosla y demos la misma importancia a la emergencia climática que a la emergencia sanitaria. Y (re)construyamos nuestra sociedad sobre la  base de un nuevo paradigma con sentido social y ecológico. 
Vía, http://agendapublica.elpais.com/

Florent Marcellesi

Eurodiputado de Equo y Los Verdes Europeos en la VIII legislatura del Parlamento Europeo
Miembro del Foro de Transiciones, de la revista 'Ecología política' y del 'think tank' 
Ecopolítica.