Cuando MACONDO derrotó la PESTE.
Cien años de Soledad. Capítulo 3 (Fragmento).
Gabriel García Márquez.
Gabriel García Márquez.
Espacio de Reflexión.
Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido
el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía
sobre la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir
que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga.
Fue así
como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban
por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de
quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e
insistían en visitar la población.
Todos los forasteros que por aquel
tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su
campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos.
No se les
permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de
que la enfermedad solo se transmitía por la boca, y todas las cosas de
comer y de beber estaban contaminadas de insomnio.
En esa forma se
mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población.
Tan eficaz
fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se
tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo
recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre
de dormir.




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