Hacen posible una mejor educación.
José Antonio Constenla (Ir a la Web).
Facebook del autor.
Espacio de Reflexión.
Son tantos los que hacen esfuerzos en
esta crisis para que todo siga siendo igual que antes del confinamiento,
que no tendrían horas los días para poder reconocerlo. En las grandes
crisis la Sociedad muestra su mejor rostro y quienes sin duda han
demostrado estar a la altura son los profesores. Miles de ellos se
sientan cada mañana frente a una pantalla para comenzar su jornada
laboral.
Atrás quedan los días de tiza y encerado, café de recreo con los compañeros, las risas y gritos del pasillo, o los latosos turnos de vigilancia del patio. A raíz del cierre de los colegios, su vida ha cambiado de manera abrupta, teniendo que adaptarse al teletrabajo una fórmula que ya tenía un fuerte respaldo en las escuelas de negocios y en el mundo de los recursos humanos, pero no en los colegios.
Atrás quedan los días de tiza y encerado, café de recreo con los compañeros, las risas y gritos del pasillo, o los latosos turnos de vigilancia del patio. A raíz del cierre de los colegios, su vida ha cambiado de manera abrupta, teniendo que adaptarse al teletrabajo una fórmula que ya tenía un fuerte respaldo en las escuelas de negocios y en el mundo de los recursos humanos, pero no en los colegios.
De un día para otro, los docentes, sin
ninguna ayuda, han sido capaces de crear de la nada un sistema de
educación a distancia, para seguir prestando sus servicios desde casa.
¿Materiales? Su ordenador personal con acceso a Internet pagado de su
bolsillo; ¿Espacios? El salón de su casa, que vuelve pública la
intimidad de su hogar; ¿Formación? Autodidacta fruto de la investigación
personal; y todo ello en una jornada laboral interminable en la que hay
que contestar centenares de correos electrónicos de los alumnos.


Si hace meses se hubiese planteado un
ensayo sobre los conocimientos digitales del profesorado español para
impartir clases de forma exclusiva a través de la red, se hubiese
organizado un buen revuelo. No serían pocos los que aducirían gran
cantidad de impedimentos:
Elaboración de temarios y materiales de apoyo, formación en materias como la clase online, la evaluación no presencial, herramientas digitales educativas, acompañamiento emocional del alumno a distancia, y un larguísimo etcétera. Con toda seguridad los informes concluirían que lo de dar clases sólo online sería poco menos que una idea fantasiosa, imposible de materializar a corto plazo.
Elaboración de temarios y materiales de apoyo, formación en materias como la clase online, la evaluación no presencial, herramientas digitales educativas, acompañamiento emocional del alumno a distancia, y un larguísimo etcétera. Con toda seguridad los informes concluirían que lo de dar clases sólo online sería poco menos que una idea fantasiosa, imposible de materializar a corto plazo.
Sin embargo la realidad es imprevista,
sorprendente y tozuda, y de repente, los cerca de 10 millones de
estudiantes de nuestro sistema educativo dieron un gigantesco salto
desde la enseñanza presencial a la online. Con sus problemas, fallos y
experimentos, los profesores y sólo ellos fueron capaces de conseguirlo.
Una auténtica gesta que con el tiempo se valorará, ya que ninguna
administración del Estado hubiese sido capaz de esto y menos con esa
rapidez y
eficiencia en tan sólo 48 horas.
eficiencia en tan sólo 48 horas.
Los profesores saben y han trabajado con
el convencimiento de que educar es como cuidar una planta, jamás ha de
abandonarse porque es el modo de que crezca, o lo que es lo mismo, si
queremos hundir a la ciudadanía, privémosla de su derecho a la
educación.
Tal
vez este es el momento de examinar con profundidad el modelo educativo,
y la forma en la que se enseña y aprende, pidiendo esfuerzos a las
administraciones educativas para seguir potenciando entre sus
profesionales el talento, la creatividad y la resiliencia (tan presente
estos días), además de poner más en valor a los profesores y la
importancia de su vocación de servicio a los alumnos y a la Sociedad.


Pepe, muchísimas gracias por hacerte eco de mi columna. Un abrazo enorme. José Antonio Constenla
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