miércoles, 13 de mayo de 2020

La última flor de Orippo. Cuentos Municipales

La última flor de Orippo
Cuentos Municipales.
Pepe Oliver



Érase un vez en un Municipio cercano a la ciudad de Sevilla, llamado Orippo, que  allá por mediados de  los años veinte del siglo XXI  mandaba  un alcalde y un gobierno Municipal al que no le gustaban las flores.

Se propuso poco a poco hacerlas desaparecer  de su ciudad y tras poner mucho  empeño en sus largos años de gobierno consiguió en el año 2.024 que   no quedara ninguna flor en los espacios públicos de Orippo. Lo llenó todo de césped artificial de plático. Despidió a los jardineros y contrató a instaladores  de césped artificial.


-El Alcalde contestaba cuando le preguntaban en los plenos municipales o las gentes  por las calles-

¿Flores en mi ciudad? - Eso, ¿para qué sirve?- Cuesta mucho dinero mantenerlas y yo prefiero el césped de plástico que es más bonito y más limpio y cuando se estropea lo cambiamos  por otro y ya está. 
Además hemos muchos números y resulta mucho más rentable.


Pasaron años de gobierno hasta que llegó el  momento   en los que ya no quedaban flores. Las habían cortado todas y solo en alguna rotonda colocaban para fechas señaladas (Valme, Feria) flores que duraba los días de las fiestas y otras, (la mayoría) eran de plástico al igual del césped que desde hacía años habían colocado cada vez más  en los jardines y rotondas.

 Un grupo  de chicos y  chicas crecieron  extrañados y pregúntandose el por qué habían desaparecido las flores, recordaban y añoraban los colores y olores que habían visto y sentido cuando años atrás siendo aún  pequeños,  sus abuelos y sus papás lo llevaban a los parques o jardines de Orippo.

Pensaron  que una de las cosas más  importantes y hermosas  habían huído y desaparecido de su Ciudad.... las flores no habían podido revivir en Orippo.

Las gentes habían estado calladas... no habían protestado pero  paseaban mucho menos por las calles, los Parques y Jardines. Había desaparecido la alegría  y la belleza de éstos. Estaban más tristes y apagadas, no llevaban a sus niños al Parque... la ciudadanía se habiá resignado.

Un día, una joven llamada Julia, se encontró paseando  por el Parque de la Alquería  una pequeña flor que estaba naciendo en una  grieta de una calle de albero y corrió asombrada a decirles  a sus amigas y amigos que había visto nacer  una flor.
 ¿La última?

 El grupo de amigos y Julia ilusionados  se encargaron entre  todos, de cuidar la flor. Y la flor comenzó a revivir. 

Un día, unas abejas y mariposas  que también  estaban desapareciendo porque le faltaba el alimento de las flores  vinieron  a visitar a nuestra  florecita que ya se empezaba a crecer
Las abejas y mariposas  sabias empezaron a polinizar las plantas que escondidas se habían refugiados en espacios callados   para que no las cortaran, y seguían estando, aunque ocultas y furtivas en los parques y jardines de Orippo.

Pronto fueron dos flores; después cuatro… y después muchas, muchas, muchas... 

Los parques, jardines y rotondas de Orippo pronto  reverdecieron. Se llenaron de olores, colores, vidas en las plantas y de  animales e insectos, que alegres,  habían vuelto . Había ganado la vida.

El alcalde no se explicaba como todo su trabajo para hacer desaparecer las flores de Orippo se había ido al traste. 

Sus muchos asesores le  dijeron que no debería empezar una nueva campaña de destrucción de las flores porque había realizado encuestas y estudios que decían que había crecido un tropeciento por ciento las personas  mayores y los niños de Orippo que  visitaban los parques,   que los  niños y mayores   reían más y corrían por los jardines públicos y se veía  a mayores y niños mucho más  felices. 

Los asesores le  asesoraron  mucho (trabajo de los asesores) y le comentaron que si volvía a destruir las flores de los parques, rotondas y jardines de Dos Hermanas el estudio que habían realizado señalaba que perdería las elecciones. 
Esto le ayudó a recapacitar y llegar a la conclusión final. 
No haría desaparecer nunca más  las flores de Orippo.

Volvió a colocar a los jardineros despedidos y todos los vecinos y vecinas de Orippo  mayores y pequeños se sintieron mucho más orgullosos de su ciudad y ahora sí  se conjuraron para que nunca llegaran tiempos en los su Alcalde hiciera  que desaparecieran las flores de Orippo.

Pequeño relato homenaje al autor   del cuento  del mismo título.  

James Thurber (Estados Unidos, 1894-1961). "La Última flor"

 
 





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