La última flor de Orippo
Cuentos Municipales.
Pepe Oliver

Érase un vez en un Municipio cercano a la ciudad de Sevilla, llamado Orippo, que allá por mediados de los años veinte del siglo XXI mandaba un alcalde y un gobierno Municipal al que no le gustaban las flores.
Se propuso poco a poco hacerlas desaparecer de su ciudad y tras poner mucho empeño en sus largos años de gobierno consiguió en el año 2.024 que no quedara ninguna flor en los espacios públicos de Orippo. Lo llenó todo de césped artificial de plático. Despidió a los jardineros y contrató a instaladores de césped artificial.
-El Alcalde contestaba cuando le preguntaban en los plenos municipales o las gentes por las calles-
¿Flores en mi ciudad? - Eso, ¿para qué sirve?- Cuesta mucho dinero mantenerlas y yo prefiero el césped de plástico que es más bonito y más limpio y cuando se estropea lo cambiamos por otro y ya está.
Además hemos muchos números y resulta mucho más rentable.
Pasaron años de gobierno hasta que llegó el momento en los que ya no quedaban flores. Las habían cortado todas y solo en alguna rotonda colocaban para fechas señaladas (Valme, Feria) flores que duraba los días de las fiestas y otras, (la mayoría) eran de plástico al igual del césped que desde hacía años habían colocado cada vez más en los jardines y rotondas.
Un grupo de chicos y chicas crecieron extrañados y pregúntandose el por qué habían desaparecido las flores, recordaban y añoraban los colores y olores que habían visto y sentido cuando años atrás siendo aún pequeños, sus abuelos y sus papás lo llevaban a los parques o jardines de Orippo.
Pensaron que una de las cosas más importantes y hermosas habían huído y desaparecido de su Ciudad.... las flores no habían podido revivir en Orippo.
Las gentes habían estado calladas... no habían protestado pero paseaban mucho menos por las calles, los Parques y Jardines. Había desaparecido la alegría y la belleza de éstos. Estaban más tristes y apagadas, no llevaban a sus niños al Parque... la ciudadanía se habiá resignado.
Un día, una joven llamada Julia, se encontró paseando por el Parque de la Alquería una pequeña flor que estaba naciendo en una grieta de una calle de albero y corrió asombrada a decirles a sus amigas y amigos que había visto nacer una flor.
¿La última?
El grupo de amigos y Julia ilusionados se encargaron entre todos, de cuidar la flor. Y la
flor comenzó a revivir.
Un día, unas abejas y mariposas que también estaban desapareciendo porque le faltaba el alimento de las flores vinieron a visitar a nuestra florecita que ya se empezaba a crecer.
Las abejas y mariposas sabias empezaron a polinizar las plantas que escondidas se habían refugiados en espacios callados para que no las cortaran, y seguían estando, aunque ocultas y furtivas en los parques y jardines de Orippo.
Pronto fueron dos flores; después cuatro… y después muchas, muchas, muchas...
Los parques, jardines y rotondas de Orippo pronto reverdecieron. Se llenaron de olores, colores, vidas en las plantas y de animales e insectos, que alegres, habían vuelto . Había ganado la vida.
El alcalde no se explicaba como todo su trabajo para hacer desaparecer las flores de Orippo se había ido al traste.
Sus muchos asesores le dijeron que no debería empezar una nueva campaña de destrucción de las flores porque había realizado encuestas y estudios que decían que había crecido un tropeciento por ciento las personas mayores y los niños de Orippo que visitaban los parques, que los niños y mayores reían más y corrían por los jardines públicos y se veía a mayores y niños mucho más felices.
Los asesores le asesoraron mucho (trabajo de los asesores) y le comentaron que si volvía a destruir las flores de los parques, rotondas y jardines de Dos Hermanas el estudio que habían realizado señalaba que perdería las elecciones.
Esto le ayudó a recapacitar y llegar a la conclusión final.
No haría desaparecer nunca más las flores de Orippo.
Volvió a colocar a los jardineros despedidos y todos los vecinos y vecinas de Orippo mayores y pequeños se sintieron mucho más orgullosos de su ciudad y ahora sí se conjuraron para que nunca llegaran tiempos en los su Alcalde hiciera que desaparecieran las flores de Orippo.
Pequeño relato homenaje al autor del cuento del mismo título.
James Thurber (Estados Unidos, 1894-1961). "La Última flor"
Cuentos Municipales.
Pepe Oliver

Érase un vez en un Municipio cercano a la ciudad de Sevilla, llamado Orippo, que allá por mediados de los años veinte del siglo XXI mandaba un alcalde y un gobierno Municipal al que no le gustaban las flores.
Se propuso poco a poco hacerlas desaparecer de su ciudad y tras poner mucho empeño en sus largos años de gobierno consiguió en el año 2.024 que no quedara ninguna flor en los espacios públicos de Orippo. Lo llenó todo de césped artificial de plático. Despidió a los jardineros y contrató a instaladores de césped artificial.
-El Alcalde contestaba cuando le preguntaban en los plenos municipales o las gentes por las calles-
¿Flores en mi ciudad? - Eso, ¿para qué sirve?- Cuesta mucho dinero mantenerlas y yo prefiero el césped de plástico que es más bonito y más limpio y cuando se estropea lo cambiamos por otro y ya está.
Además hemos muchos números y resulta mucho más rentable.
Pasaron años de gobierno hasta que llegó el momento en los que ya no quedaban flores. Las habían cortado todas y solo en alguna rotonda colocaban para fechas señaladas (Valme, Feria) flores que duraba los días de las fiestas y otras, (la mayoría) eran de plástico al igual del césped que desde hacía años habían colocado cada vez más en los jardines y rotondas.
Un grupo de chicos y chicas crecieron extrañados y pregúntandose el por qué habían desaparecido las flores, recordaban y añoraban los colores y olores que habían visto y sentido cuando años atrás siendo aún pequeños, sus abuelos y sus papás lo llevaban a los parques o jardines de Orippo.Pensaron que una de las cosas más importantes y hermosas habían huído y desaparecido de su Ciudad.... las flores no habían podido revivir en Orippo.
Las gentes habían estado calladas... no habían protestado pero paseaban mucho menos por las calles, los Parques y Jardines. Había desaparecido la alegría y la belleza de éstos. Estaban más tristes y apagadas, no llevaban a sus niños al Parque... la ciudadanía se habiá resignado.
Un día, una joven llamada Julia, se encontró paseando por el Parque de la Alquería una pequeña flor que estaba naciendo en una grieta de una calle de albero y corrió asombrada a decirles a sus amigas y amigos que había visto nacer una flor.
¿La última?
El grupo de amigos y Julia ilusionados se encargaron entre todos, de cuidar la flor. Y la
flor comenzó a revivir. Un día, unas abejas y mariposas que también estaban desapareciendo porque le faltaba el alimento de las flores vinieron a visitar a nuestra florecita que ya se empezaba a crecer.
Las abejas y mariposas sabias empezaron a polinizar las plantas que escondidas se habían refugiados en espacios callados para que no las cortaran, y seguían estando, aunque ocultas y furtivas en los parques y jardines de Orippo.
Pronto fueron dos flores; después cuatro… y después muchas, muchas, muchas...
Los parques, jardines y rotondas de Orippo pronto reverdecieron. Se llenaron de olores, colores, vidas en las plantas y de animales e insectos, que alegres, habían vuelto . Había ganado la vida.
El alcalde no se explicaba como todo su trabajo para hacer desaparecer las flores de Orippo se había ido al traste. Sus muchos asesores le dijeron que no debería empezar una nueva campaña de destrucción de las flores porque había realizado encuestas y estudios que decían que había crecido un tropeciento por ciento las personas mayores y los niños de Orippo que visitaban los parques, que los niños y mayores reían más y corrían por los jardines públicos y se veía a mayores y niños mucho más felices.
Los asesores le asesoraron mucho (trabajo de los asesores) y le comentaron que si volvía a destruir las flores de los parques, rotondas y jardines de Dos Hermanas el estudio que habían realizado señalaba que perdería las elecciones.
Esto le ayudó a recapacitar y llegar a la conclusión final.
No haría desaparecer nunca más las flores de Orippo.
Volvió a colocar a los jardineros despedidos y todos los vecinos y vecinas de Orippo mayores y pequeños se sintieron mucho más orgullosos de su ciudad y ahora sí se conjuraron para que nunca llegaran tiempos en los su Alcalde hiciera que desaparecieran las flores de Orippo.
Pequeño relato homenaje al autor del cuento del mismo título.
James Thurber (Estados Unidos, 1894-1961). "La Última flor"




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